Simbiosis Continua

martes, junio 07, 2005

El tiempo se ha detenido

El tiempo se ha detenido. O se mueve mas lento entre estas roídas paredes. Ella duerme. Yo solo existo.

Los gemidos han mutado en roce metálico y en la continua explosión de una gotera. La atmósfera líquida se ha perfumado de humo. Y la piel desnuda es ahora tela húmeda.

El sudor se evapora bajo las aspas chillantes del ventilador. Un hálito de sal y sexo vuela en espiral frente a mi. La luz del sol se filtra a través de las persianas, arañando las sábanas como las manos de Dios hacen con el mar antes del atardecer. Puedo distinguir cada particula de polvo flotando ante mi.

La calma de esta habitación se me antoja eterna. El placer ha sedado mi piel y el monocromático silencio me sabe a soledad. La sensación de estar muerto me invade. Las paredes se alejan, el vacío se expande. Y me disuelvo en el aire irreal. Ya no estoy aquí.

Pero un repentino suspiro me hace recuperar mi materia, mi peso. Su voz, disuelta entre líquido y metal, abraza la soledad y la envenena. Una tibia caricia desintoxica mi piel anestesiada. Y al cerrar los ojos, la veo y recuerdo donde estoy.