Simbiosis Continua

martes, junio 07, 2005

Despierta...

Despiertas. Tu alma pesa demasiado esta mañana, sin embargo, te levantas. Caminas sonámbulo hacia el espejo. No lo miras. Un rechinido metálico y el líquido incoloro se pierde en un torbellino hacia la tubería. Tus manos sienten el frio y el agua brinca a tu rostro. Tras la cascada que se desliza ante tus ojos, vislumbras su silueta. Pasado un efímero momento, adquiere forma ante tu mirada pintada de extrañeza, ese rostro familiar.

Un hombre sombrío de naturaleza triste te observa con tus ojos cafés, casi rojo encendido. Lo miras. Me miras. Y en su húmeda pupila puedes ver tu propio rostro, deformandose en una mueca temerosa. El miedo se trepa por tu columna y se aferra a tu nuca. Mi gesto impávido e indiferente te perturba. Puedo ver cada pensamiento tuyo, aún aquel oculto en el abismo mas oscuro de tu psique. Tú lo sabes. Te conosco como a la palma de tu mano. El miedo ahora muerde tu cuello. Huyes, caminas en silencio, sin sentir el piso, sin mover los píes. Cruzas el umbral que da a tu habitación y descubres con terror que estoy ahí. Sobre tu cama. En la misma posición fetal que asumes en el mas profundo sueño. El lunar de tu mejilla izquierda sobre su mejilla derecha te trastorna. Una gota tibia se desliza por tu frente mientras te preguntas dónde estás, quién eres.

El silencio, que hasta ahora notas, es roto súbitamente por el sílbido agudo de tu despertador. El cuerpo sobre la cama muda su posición ligeramente. Asustado, estiras la trémula mano y oprimes el botón. Pero el ruido no cesa. Sientes en la garganta el corazón galopando infatigable, agitado, desesperado. Estrellas el incansable aparato contra el suelo. Ciento treinta y siete piezas, plásticas y metálicas, se extienden silenciosas bajo tus pies. Pero el ruido no cesa, al contrario, perfora tu frente. Y por el orificio abierto en tu sien escapan y vuelan tus pensamientos confusos. Cómo silenciar cuatro paredes inmerso en la catatonía de tan profundo reposo. Cómo asesinar al miedo y descansar al fin, si aun no estás despierto. No estás despierto.

1 Comments:

  • hay momentos en que quisiera que el sueño fuera la relidad... pero hay otras veces en que es la realidad la que quisiera que fuera solo un sueño.

    te amo

    By Blogger Aledeva, at junio 07, 2005 8:23 PM  

Publicar un comentario

<< Home