Libélulas en mi habitación
Olía a humedad en mis manos, mi cuerpo palpitaba incesantemente. . . la piel de mi espalda se erizó de pronto. . . ahí estaba otra vez.
Mis cabellos exalaron ese aroma, como a agrio, como a dulce, como a placer, pero mi boca no pudo articular palabras, abrí los labios y una mueca se dibujó en el rostro.
Todo el ambiente se sintió tibio y pegajoso, la luz entró por una rendija de la ventana.
Entonces me percaté de tu presencia, justo a mi lado, con tu cuerpo colocado en posición fetal parecías flotar entre deliciosa seda.
Escuché tu pausada respiración, vi el sudor recorrer tu cara. . . una gota deslizó por tu boca hasta perderse en la desnudez de tu vientre. Traté de levantar el brazo para alcanzarte pero tu piel se desvaneció en mis dedos, te habías ido hace mucho tiempo. . . sin embargo escuché tu voz.
Sentí en mi cuello tu aliento frío y ese olor me inundó otra vez.
El zumbido de esa libélula rosada penetró en mis oídos, abrí los ojos. . . sólo para encontrarme con ese silencio gutural y el éxtasis flotando en la habitación. . .
Mis cabellos exalaron ese aroma, como a agrio, como a dulce, como a placer, pero mi boca no pudo articular palabras, abrí los labios y una mueca se dibujó en el rostro.
Todo el ambiente se sintió tibio y pegajoso, la luz entró por una rendija de la ventana.
Entonces me percaté de tu presencia, justo a mi lado, con tu cuerpo colocado en posición fetal parecías flotar entre deliciosa seda.
Escuché tu pausada respiración, vi el sudor recorrer tu cara. . . una gota deslizó por tu boca hasta perderse en la desnudez de tu vientre. Traté de levantar el brazo para alcanzarte pero tu piel se desvaneció en mis dedos, te habías ido hace mucho tiempo. . . sin embargo escuché tu voz.
Sentí en mi cuello tu aliento frío y ese olor me inundó otra vez.
El zumbido de esa libélula rosada penetró en mis oídos, abrí los ojos. . . sólo para encontrarme con ese silencio gutural y el éxtasis flotando en la habitación. . .

1 Comments:
TAN PERFECTO QUE ASUSTA
Tener la oportunidad poder estar más allá tan acostumbrado a no ser a desconfiar, a no ganar. El mar se te abrió una vez se te abrió para no parar y vos no te despertaste lo arruinaste una vez más.
Es tan perfecto que asusta, porque nunca es justa la felicidad saber elegir es lo que cuesta más no cualquiera suma sin restar, sientes la electricidad y no la sabes llevar te quema, te paraliza y no te deja reaccionar. El enemigo peor ese gran saboteador siempre será uno mismo y ese miedo a estar mejor es tan perfecto que asusta, porque nunca es justa la felicidad saber elegir es lo que cuesta más no cualquiera suma sin restar es tan perfecto que asusta, porque nunca es justa la felicidad ni la justa nunca es justa porque algunos nunca la tendrán.
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Anónimo, at mayo 28, 2005 12:43 PM
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